No tardes, Muerte, que muero;ven, porque viva contigo;quiéreme, pues que te quiero,que con tu venida esperono tener guerra conmigo. Remedio de alegre vidano lo hay por ningún medio,porque mi grave heridaes de tal parte venidaqu’eres tú sola
Somos inocentes, gritábamos desde los trenes.
¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos?
Asomados por el tragaluz mirábamos la inmensa llanura.
De pronto un mugido nos traía el recuerdo de Ifigenia
y volviéndonos hacia nuestros hijos
I
Eso ya lo sabes
Estás en todos
En los pequeños ruidos de la calle
Recuerdo que una tarde de soledad y hastío,
¡oh tarde como tantas!, el alma mía era,
bajo el azul monótono, un ancho y terso río
que ni tenía un pobre juncal en su ribera.
¡Oh mundo sin encanto, sentimental inopia
que borra el
Te ruego Chung Tzu,no entres a mi casa, no te abras camino entre los sauces que he plantado.
No es que me importen los sauces, sólo temo a mi padre y madre.
Te amo Chung Tzu, tiernamente, oh, pero temo, realmente temo lo que mi padre y madre