El peatón
Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o
algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un
buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un
poeta.
Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: “¡qué maravilla! “¡Soy un poeta!
“¡Soy un poeta importante! “¡Soy un gran poeta!
Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la calle
nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. “¿Por qué
los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o
un rayo que les salga de las orejas?
“¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la
fábrica como otro cualquiera, o andar, como cualquiera, de peatón.
“¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón.
Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila.
Jaime Sabines
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- 1.4.06 / 8pm
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- Alex
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