La silla

Cuando salí al jardín entré en un sueño; imán sin voz, vacío luminoso; desde tu cuerpo ausente y de mi gozo la silla me habla cuanto más me empeño en acallar tu imagen en mis ojos.
Me cercan sus espaldas rigurosas. ofrendándome el sitio donde posas tus manos, tus caricias en manojos. En las declinaciones del cordaje busqué ansiosa el perfil de tu figuray trenzando mi sed a tu cintura soñé ser un navío en abordaje. Mi sonrisa detrás de un jazminero vio sollozando un ángel agorero. Diciembre de 1993

Renee Ferrer