Los ruidos del alba

Los ruidos del albaITe repito que descubrí el silencioaquella lenta tarde de tu nombre mordido,carbonizado y vivoen la gran llama de oro de tus diecinueve años. Mi amor se desligó de las auroraspara entregarse todo a su murmullo,a tu cristal murmullo de madera blanca incendiada. Es una herida de alfiler sobre los labios tu recuerdo,y hoy escribí leyendas de tu vidasobre la superficie tierna de una manzana. Y mientras todo eso,mis impulsos permanecen inquietos,esperando que se abra una ventana para seguirteo estrellarse en el cemento doloroso de las banquetas.
Pero de las montañas viene un ruido tan fríoque recordar es muerte y es agonía el sueño. Y el silencio se aparta, temerosodel cielo sin estrellas,de la prisa de nuestras bocasy de las camelias y claveles desfallecidos. IIExpliquemos al viento nuestros besos.
Piensa que el alba nos entiende:ella sabe lo bien que saboreamosel rumor a limones de sus ojos,el agua blanca de sus brazos. ¡Parece que los dientes rasgan trozos de nieve.
El frío es grande y siempre adolescente.
El frío, el frío: ausencia sin olvido.) Cantemos a las flores cerradas,a las mujeres sin senosy a los niños que no miran la luna.
Cantemos sin mirarnos. Mienten aquellos pájaros y esas cornisas.
Nosotros no nos amamos ya.
Realmente nunca nos amamos. Llegamos con el deseo y seguimos con él.
Estamos en el ruido del alba,en el umbral de la sabiduría,en el seno de la locura. Dos columnas en el atriodonde mendigan las pasiones.
Perduramos, gozamos simplemente. Expliquemos al viento nuestros besosy el amargo sentido de lo que cantamos. No es el amor de fuego ni de mármol.
El amor es la piedad que nos tenemos.

Efrain Huerta