Rima lxxix

Una mujer me ha envenenado el alma,
otra mujer me ha envenenado el cuerpo;
ninguna de las dos vino a buscarme,
yo de ninguna de las dos me quejo.
Como el mundo es redondo, el mundo rueda;
si mañana, rodando, este veneno
envenena a su vez “¿por qué acusarme?
“¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron?

Gustavo Adolfo Bécquer