Rima xlviii
Como se arranca el hierro de una herida
su amor de las entrañas me arranqué;
aunque sentí al hacerlo que la vida
“¡me arrancaba con él!
Del altar que le alcé en el alma mía,
la voluntad su imagen arrojó;
y la luz de la fe que en ella ardía
ante el ara desierta se apagó.
Aún para combatir mi firme empeño
viene a mi mente su visión tenaz…
“¡Cuánto podré dormir con ese sueño
en que acaba el soñar!
Gustavo Adolfo Bécquer
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- 10.23.05 / 9pm
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