Tu nariz.

Muero por ese pequeño monumento
que se levanta gracioso
entre los dos pómulos de tu jardín,

como un leve retoque
que hizo algún Dios griego,

ahí está,

en su sitio,

desafiando a las orgullosas manos de Miguel Angel
desde su sitio,
dosel de tus labios en el reino de mis sueños,

tu nariz.


Oscar Malvicio